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Full text of "Los fundamentos del americanismo español y la misión oficial de la "Casa de América" de Barcelona"

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Los fundamentos del americanismo 
español y la Misión Oficial de la 
"Gasa de América" de Barcelona 



Traducción taquigráfica del 
discurso pronunciado por 
D. RAFAEL VEHILS en la 
sesión de despedida cele- 
brada por aquella corpora- 
ción en la noche del 26 de 
Septiembre de 1912 : : : : 



CORRIENTES- BUENOS AIKES 



1913 

Pamphlet Coilection 

Duke University Libra'ry e. Díaz (hijo) 



Los fundamentos del americanismo 
español y la Misión Oficial de la 
"Gasa de América" de Barcelona 



Traducción taquigráfica del 
discurso pronunciado por 
D. RAFAEL VEH1LS en la 
sesión de despedida cele- 
brada por aquella corpora- 
ción en la noche del 26 de 
Septiembre de 1912 : : 







• 




1 


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4 



CORRIENTES-BUENOS AIRES 



1913 



E. Díaz (hijo) 



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£* 



Exmos. Sres. 
Amigos: 

En realidad no se trata de un discurso ni de una 
conferencia. En vísperas de emprender un viaje de 
cuya responsabilidad y trascendencia he podido dar- 
me buena cuenta, me he creído en el caso de proce- 
der a un examen de conciencia, á un análisis de los 
diversos factores que, informando esa conciencia, 
ocurren el criterio general, fundamental que nos ani- 
ma, y aun desmenuzamiento de la orientación que 
la «Casa de América», y por ende yo mismo, nos 
hemos impuesto, con vistas al bien de la Patria 
Grande que nos es común, y recordando el pre- 
cepto de Thoreau: «Si has levantado castillos en 
el aire, tu obra no debe perderse, pónle cimientos 
á tus castillos». 

A mi no se me oculta que este examen debiera 
ser obra de concentración y recogimiento, y no de 
exposición. Pero yo no podía sustraerme, por 
disciplina y por imposición del cargo, al requeri- 
miento de la Junta de Gobierno de la «Casa» que 
estimó muy conveniente dar á conocer sus pla- 
nes á los amigos en general, en su ánimo 






— 4 — 

de obrar bajo la caricia de la luz publica, evi- 
tando toda idea equivocada, todo efecto de colu- 
sión, y en su empeño de hacer de esta «Casa», que 
yo tanto venero, un centro de discusión serena y 
una fuerza de energía colectiva. 

Por tal razón, señores, me veo imposibilitado, 
esta noche, de entretener vuestra atención con una 
plática amena y agradable, matizada de jokes, de 
colorido, y debo comenzar lealmente poruña con- 
fesión: la de que yo no vengo tranquilo, sino con 
la frente «arada de pensamiento á triple surco», 
pues que lejos de pretender enseñar, me propongo, 
por el contrario, inquirir, á fin de hacer orden 
en la baraúnda de ideas que me agitan, haciendo 
además, con respecto á vosotros, acto de 
franqueza y de fraternidad, y pidiéndoos, en 
trueque, el fallo imparcial de juzgadores, con la 
aprobación de aquellos de nuestros propósitos 
que estiméis acertados, con el silencio sobre 
todos los demás. (Bien.) 

La dificultad principal con que tropiezo es la 
latitud á que el tema del americanismo, su 
efectividad y nuestra acción social á su respecto, 
se prestan. El americanismo es hoy actualidad, y 
yo recuerdo el pensamiento de aquel mallorquín 
incomparable, de nuestro Lulio, que, arañando co- 
mo siempre la verdad, reconocía á nuestro enten- 
dimiento como más ignorable que inteligente, por 
no poder abarcar todo lo actual. 

Recurramos al método. 

No he de decir, de repetir, mejor, lo que el ame- 
ricanismo significa, sería pueril en recinto como 
éste, cuya aspiración repugna á toda noción 
elemental por aspirar más alto y más profundo. 



— 5 — 

El americanismo español es una aspiración na- 
cional, por dias menos vaga y más concreta, de 
los que columbran el porvenir de nuestra España 
moderna y se percatan de que solo la Patria será 
grande, rica y poderosa si, mientras en el orden 
interior reconstruye su potencia á base de una 
nueva economía, atiende, en el exterior é interna- 
cional, (orden económico-político) á solidarizarse 
con América, recabando ayuda á cambio de otra 
ayuda. (Bien.) 

Claro está que muchos, los pobres de espíritu, 
los faltos de energía y voiuntad, asustados de la 
magnitud de nuestro empeño, diluyen su natural 
azoramiento en sonrisas de escépticos: Bien está. 
Nosotros creemos, parafraseando á Mr. de la 
Riviére, que los hombres conscientes de su digni- 
dad de tales, sólo deben emprender grandes cosas, 
y por otra parte, muy cautos en nuestra acción, 
sabiendo que solo la misma será eficaz si cuenta 
con la opinión y que ésta sólo se domina produ- 
ciendo evidencia, hemos ceñido el ideal en el aro 
de acero de un objeto concreto y nos hemos dado 
buena maña de reunir datos de calidad y de can- 
tidad capaces de agudizarse tanto en la discusión 
que traspasen los criterios disconformes. (Muy 
bien.) 

En este estado las cosas, ya no puede juzgarse 
petulante nuestra esperanza y el que agradezcamos 
cordialmente toda discrepancia, toda oposición 
serena y noble que surja, juzgando los antagonis- 
mos como una fuente de sinergia social eficacísima 
para el cumplimiento de nuestro deseo y nuestra 
voluntad. 



- 6 — 

Lo que preocupa del americanismo españoles 
su fundamento racional. 

Treinta años atrás, cuando las investigaciones 
históricas de nuestros eruditos, Asensio, Fabié, Ji- 
ménez de la tispada y tantos más, sacando á luz 
los tesoros histéricos de Sevilla, Simancas y Ma- 
drid, pusieron dj manifiesto la grandiosidad de 
nuestra obra en América, esa grandiosidad de 
nuestro sistema colonial de que nos da prueba se- 
gura é imparcial el inglés Martin Hume, el entu- 
siasmo por aquella región se h : zo fervor tradicio- 
nal. Si en aquella época el cubano Fernando Ortiz 
hubiese escrito el libro que ahora ha publicado, 
tal vez hubiese sido su malogrado estudio un buen 
acierto. . . 

Poco después, cuando en Huelva surgió la Co- 
lombina y en Madrid la Unión Ibero Americana, y 
en París y Barcelona el señor Navarrorreverter ha- 
cía sonar su oratoria defendiendo la Unión Hispa- 
noamericana, como un ideal nebuloso y vago con 
Bancos de Exportación, y la emoción española se 
intensificaba con Casteíar, Cánovas y Pi-Margall, 
al oírles ponderar el amor á la raza trasatlántica, 
ponderaciones que despertaban en América la voz 
de Elice Montes, de Romero, de López de Gomara, 
de la Portilla y de Várela, el americanismo español 
se dilató extraordinariamente, sugiriendo en unos 
el deliquio de un cuadro auroral de belleza polí- 
tica, en nada inferior en colorido al célebre del 
romano Palacio Rospigliosi, sugiriendo en otros la 
ilusión de que una vasta federación era cercana, 
recogiendo, al pasar, las profecías del Vizconde de 
Almeida Garret y Sinibaldo de Mas, á los acordes 



— 7 — 

de una fanfarria que á mí, ahora y de lejos, aun 
cuando la respeto, me recuerda la marcha de Cádiz. 

Dos hitos, relucen sin embargo, en ese periodo 
de borrosa gestación: el Congreso Hispanoameri- 
cano-portugués del año 92, con motivo del IV 
Centenario del inmortal descubridor Colón, y el 
Congreso Hispanoamericano del año 1900, con- 
gregado en Madrid. 

La consecuencia sólida, firme, digna de recuerdo 
y de aplauso de aquellos dos Congresos, y en es- 
pecial del último, fué a mi ver, la popularización 
del ideal, á la vez que una prueba de vitalidad por 
parte de España, cuyo cuerpo, cruzado en aquél 
entonces de cicatrices sangrientas, pareció milagro 
se sostuviera. (Bien.) 

Desde entonces acá hemos ganado terreno. La 
Embajada Comercial á las Repúblicas Argentina y 
Uruguay de los señores Rahola y Zulueta, los tra- 
bajos del malogrado Puigdollers, las iniciativas de 
la revista «Mercurio», los Congresos de Emigra- 
ción, de Cámaras de Comercio y de Sociedades 
Económicas, el Congreso de la Producción Nacio- 
nal de 1907, el viaje comercial del Conde de La- 
vern, el Congreso de la Exportación de Zaragoza, la 
fundación délas sociedades Americanistas deBilbao 
Valencia, Málaga, Cádiz, Santiago y Madrid, la labor 
de Labra, (el ilustre y venerado anciano) la Sociedad 
de Estudios Americanistas de Barcelona, la cru- 
zada de la Universidad de Oviedo por medio del 
doctor Altamira, (nunca bastante agradecido ni 
admirado) el viaje del doctor Posada, los tra 
bajos de la Universidad Central y de la Junta de 
Ampliación de Estudios de Madrid que preside el 
doctor Cajal, las tentativas de Sevilla y Zaragoza, 



las embajadas extraordinarias con motivo del 
Centenario, la Embajada de México en España, 
y ahora nuestros trabajos singularizados por la 
Asamblea Nacional de diciembre último y la 
organización de la Federación Nacional, algo 
indican. (1) 

Los americanistas españoles, un tiempo bien 
contados, pudiendo decirse con razón de ellos lo 
que de los primeros nacionalistas tcheques, Pa- 
lacki, Jungman y Soparik, es á saber, que si se 
hubiese hundido su cobijo se hubieran extinguido, 
son hoy en número y obtienen su programa de un 
fundamento largo y firme, fundamento al que me 
refería antes y que ahora voy á sintetizar todo lo 
posible, partiendo de hechos, no de idealidades, 
desde que el argentino Rivera Indarte publicó su 
Voto de America en 1834, pidiendo se reanudasen 
las relaciones con España, y la diplomacia españo- 
la, (harto vilipen diada á veces, mientras se callan sus 
triunfos) preparaba el Decreto de paz y amistad del 
año 36. 

No todo fuá habilidad de los agentes de la Coro- 
na, sin embargo; nada hubieran conseguido aque- 
llos sin el concurso nunca bastante agradecido de 
dos naciones de América prototipos de hidalguía, 
México y Uruguay, como tampoco éstas no hubie- 
ran franqueado sus puertos á nuestras naves desde 
1835, sin el ánimo esforzado del marino catalán 



(1)— Posteriormente, el Centenario de las inmortales 
Cortes gaditanas, con la nota noblemente significativa que 
produgeron las Embajadas Américo-latinas, forjó un nuevo 
eslabón de intimidad bruñida en el proceso de la relación 
que decantamos. 



Mirambell, á cuya hazaña respondió el marino uru- 
guayo Granello, presentándose en Cádiz con su 
paquete mercante Eolo y al solo amparo de nuestra 
caballerosidad. (Bien.) 

Aquella competencia, aquella generosa emu- 
lación de osadías confiadas, había sido prece- 
dida de una circular secreta de Martínez de la 
Rosa á nuestros diplomáticos (la 1 a . en la larga vía 
de la moderna fraternidad que hoy se acrisola) in- 
dicándoles «la necesidad de remover estorbos y 
allanare! camino por medio de una negociación 
amistosa, suspendiendo todo género de hostilida- 
des y restableciendo desde luego las relaciones mer- 
cantiles, Ínterin llegaba y se preparaba la ocasión 
oportuna de renovar las políticas.» Y si bien el rey 
Fernando Vil (para mí, americanos queme escu- 
chan, también aborrecido), quiso deshacerlo hecho 
oponiéndose al restablecimiento de la paz y la con- 
cordia y encargando el desarrollo de su sinuoso 
pensamiento al Conde de Ofalia, el partido 
liberal (lo digo fuerte porque para él es una glo- 
ria desconocida casi por completo) le dio el jaque, 
influyendo secreta é indirectamete cerca de Ingla- 
terra para que el reconocimiento por aquella na- 
ción de las nuevas Repúblicas se acelerase. (Bien.) 

Pero no paró aquí la acción meritoria de nues- 
tros liberales. Vuelto al Gobierno Martínez de la Ro- 
sa, á la muerte del Rey, interesó al Consejo de Es- 
tado y delegó á Miraflores para activar el resta- 
blecimiento de las relaciones comerciales con Amé- 
rica, promoviendo, con una habilidad digna de loa, 
los decretos que sucesivamente fueron dictados por 
los gobiernos trasatlánticos, franqueando sus puer- 
tos al pabellón de España, decretos que, en el acto, 



— 10 — 

correspondió nuestro ministro de Estado en una 
justa reciprocidad, logrando al fin la venida á 
Madrid de los primeros plenipotenciarios america- 
nos, de la representación de México y Venezuela, 
los Sres. Santamaría y Soublette. (Bien.) 

Hoy nos liga con América, en el orden p lítico, 
oficial, una serie de convenios y disposiciones que 
aseguran la estabilidad del trato establecido y que 
yo llevo minuciosamente registrados, con el ánimo 
de contribuir á limar las dificultades que se opon- 
gan ásu ratificación con otros más completos. (Bien) 

No hay más que recordar las diversas inciden- 
cías de nuestra vida de relación diplomática con 
aquellos estados, incidencias que de buen talante 
referiría ahora, á no ser la traba del tiempo; la acti- 
tud correcta, sincera, de aquellos gobiernos, cuan- 
do la guerra del 98, acusada en las notas de neutrali- 
dad, para convencerse de que con tacto y modera- 
ción, sirviéndole de algo positivo, no ha de ser 
un imposible granjearnos mayor favor, si, en 
lo futuro, sabemos sacar partido de la concu- 
rrencia mundial económica que en aquel suelo 
prolífico se encarniza, teniendo en cuenta nuestra 
situación de común denominador, por los antece- 
dentes y el idioma, con relación á aquellas Repú- 
blicas, y la necesidad, que algunas ya presienten 
para su porvenir, de un punto de apoyo en Europa, 
punto de apoyo que reúna la aparente paradoja de 
fortaleza y de flaqueza, es decir, que sea fuerte unido 
á ellas para garantir el respeto á sus intereses y á 
su dignidad, y sea flaco, relativamente, por sisólo, 
para alejar el temor de que el trato preferente pu- 
diese convertirse en arma ó en palanca para cual- 



— 11 — 

r 

quier loca intención de imperialismo. (Muy bien- 
Aplausos). 

Pero aún hay más que alegar en pro del funda- 
mento racional de nuestra actuación americanista. 
Existen los factores moraLes, ideológicos; y los fac- 
tores materiales. (Adviertan, señores, que yo pres- 
cindo siempre de los afectivos y de raza que á mí 
no me convencen, por su relatividad los primeros, 
y por su exageración gobinista los segundos). Se 
estudia la ideología iberoamericana, especialmente 
á partir de 1875, en que sobrevino la reacción mo- 
ral de aquellos pueblos al calor de su vertiginoso 
progreso material, y al apercibir en Cornejo, Le- 
telier, Baez, Bulnes y Ramos Mejía las palpitacio- 
nes del positivismo spenceriano, al avizorar el 
ingerto de la ideología del autor del «Anticristo» y 
del idealismo de Guyau en el alma de América, in- 
gertos reflejados en Deustua, Prado, Domínguez y 
Rodó, al columbrar los primeros bosquejos de su 
pragmatismo en Bunge é Ingegnieros, de su eclec- 
ticismo en Vaz Ferreira y en Varona, y su novísi- 
mo ideal de equilibrio y fortaleza, ideal que refle- 
jan de un modo palmario las naciones más 
avanzadas de aquel continente en sus sistemas 
educacionales, se preguntan algunos donde puede 
atisbarse alguna influencia española, que, estable- 
ciendo afinidad, justifique y facilite nuestra vincu- 
lación. 

Yo me atengo á recordar, modestamente, claro 
está, que, en el Uruguay, la piedra básica de su bri- 
llante reforma pedagógica la sentó, dentro del siste- 
ma lancasteriano, el español José Cátala; que el gran 
Sarmiento, poco amigo nuestro, recogió su méto- 
do de los españoles Juan Manuel Bonifaz y María- 



— 12 — 

no Vallejo; y que en Guatemala, otra nación bien 
avanzada en materia cultural, sentó el primer jalón 
en la reforma pedagógica el español Valero Pujol, 
al igual que lo hicieron en México José Saturnino 
Yarza y José Ort¡z Monasterio, ambos compa- 
triotas. (Muy bien.) 

Adema's, si los americanos evolucionan en un 
sentido shakespeariano, es decir, aspiran á ser ge- 
nios y empresarios, á promediar entre Ariel y Ca- 
libán, idéntica es la aspiración de nuestra juventud. 
Ellos y nosotros buscamos, como decía Maeztu, 
nuestra unidad en Europa. Y si sobre la base de 
esta unidad civilizadora atendemos á formar una 
hermosa pirámide, símil á la de Kellez Krauz, con 
base de estratos económicos, de producción y de 
íntimo trueque comercial y financiero, y cima de 
ideales nuevos, con la liga que nos dan, para lo- 
grar consistencia á tan hermosa fábrica, la historia 
común y los millares de españoles diseminados en 
América, se comprenderá el fundamento que asiste 
á nuestra aspiración de solidaridad trasmarina, 
aspiración que por seguir su ruta sideral parece 
contar como á delantero y ojeador al Sol. (Muy 
bien — Aplausos ) 

Pero más, aun más, señores, tenemos en nuestro 
apoyo otro fundamento, el fundamento material. 

El convencimiento de Martínez de la Rosa y 
Mendizábal de la necesidad de acuerdos comer- 
ciales con América, aquel espíritu que en 1841 ve- 
mos reproducirse y hacerse ley en la de aduanas 
promulgada durante la regencia del general Es- 
partero, se esfumaron, y ha sido preciso que la vida 
nos raspara la piel con su habitual dureza hasta pro- 
ducir la crisis y sembrar entre los productores el 



— 13 — 

espanto, para que la realidad impusiera aquí en 
España su dictado. 

Abandonada por fin la política ganadera que 
hasta mediados del pasado siglo privó en torno á 
los privilegios de la Cabana Real, del Consejo de la 
Mesta, pero persistiendo con casi la misma pesa- 
dumbre los gravámenes del fisco sobre la propiedad 
territorial; perdurando la que Costa llamó «intempe- 
rancia del arado», sin atinar hasta hoy en la necesi- 
dad de fertilizar nuestras estepas y margales, á pesar 
délas profecíasy consejos de Cabarrüsy Jovellanos, 
es la competencia de América á nuestras carnes y 
cereales, lo que nos obliga á meditar sobre el fu- 
turo. Y al ver que son otros cultivos los que nos 
convienen, y concentrada la riqueza en nuestras 
regiones industriales, y la prueba rotunda que 
emite la estadística de que sólo es activo nuestro 
comercio con América, y de que sólo allí le sonríe 
el porvenir, sobreviene el desconcierto y á este si- 
guen los barruntos de renovación interna, al par 
que la convicción rápida y bien lógica de que es á 
América á donde debemos dirigirnos, con frutos de 
tierra regada, peculiares nuestros, y frutos de ma- 
nufactura que la inteligencia y frugalidad de nues- 
tros obreros hacen resistentes á la competencia. 
(Muv bien.) 

He aquí, pues, el fundamento del credo america- 
nista que nosotros sustentamos, fundamento que 
yo me he creído en el caso de fijar porque abrigo 
la certeza de que la continuidad en defensa de una 
idea, depende de la fijación de su concepto. 

Veamos ahora el modo como esta «Casa» lo ha 
hecho suyo, polarizándolo en su programa, pro- 
grama que como sabéis es duplo, distinguiendo 



— 14 — 

el aspecto educativo y cultural, del económico, cd 
mercial y financiero. 

Me atengo, como es natural, a los manifiestos 
lanzados por el Instituto de Estudios Americanis- 
tas y por la Cámara de Relaciones Comerciales 
de esta «Casa». 

Respecto del primero, que puede sintetizarse fá- 
cilmente con decir que su objeto es la divulgación 
de la realidad americana en la península, lo propio 
que la de España en el Nuevo Continente, he de 
aprovechar la coyuntura para hacer una aclaración. 
El Instituto se proponía en un principio ir á la 
creación de cátedras nacionales americanas sobre 
diversos temas generales de interés empírico. A este 
efecto se planeó un amplio programa que podría- 
mos llamar de facultad y en atención á que la Cá- 
mara de Comercio de esta plaza, preparaba estu- 
dios comerciales, se dirijió á ella, pidiendo el nom- 
bramiento de un delegado, que lo fué el Sr. Amadeo 
Torner, á fin de asegurar con su intervención en 
la Comisión dictaminadora, el acuerdo de las dos 
corporaciones y evitar todo cruzamiento ó coin- 
cidencia. 

Después hemos suspsndido el trabajo, por com- 
prender que el problema cultural español no ad- 
mite ese sistema de creación de cátedras, fundadas 
con sanísima intención pero luego desiertas. En 
nuestro pueblo, el ansia de saber, no es aun un 
deseo común, como lo fué desde la mitad del siglo 
xv hasta el siglo xvn, en que aparte de los nume- 
rosísimos colegios mayores y menores, tuvimos 34 
Universidades bien dotadas, algunas con 60 cáte- 
dras como las de Salamanca y Alcalá, y en el si- 
glo xvín, desde Felipe V á Carlos III. Bien en- 



— 15 — 

tendido que tal ocurre, no porque á los españoles 
les agrade vivir en las tinieblas (eso está bien que 
lo digan los que en ellas viven con respecto á 
nosotros), sino porque, dadas las condiciones 
económicas en que vivimos, el estudio aún no se 
recompensa con la necesaria utilidad. (Bien). 

Por esta razón, nosotros desde el Instituto va- 
riamos de criterio, proponiéndonos, en vez de abrir 
cátedras y llamar al estudioso, ir á su encuentro en 
campañas de divulgación de índole diversa, apro- 
vechando los centros docentes ya establecidos, y 
celebrando actos en que, al amparo del atractivo 
que la elocuencia de personalidades brillantes 
ejerza, se difundan las noticias que en orden á 
nuestras relaciones con América importe dar á 
conocer. 

En cuanto á la Cámara de Relaciones Comercia- 
les, el manifiesto programa recordado antes, dke 
bien claro cuales son sus proyectos capitales. 

Importa á nuestro porvenir una reforma conve- 
niente de los derechos de arancel, con vistas á 
intensificar la importación americana. Nuestro 
comercio exterior necesita desde luego de una 
organización estratégica en lo que afecta a las 
comunicaciones y transportes por el interior de la 
Península, harmonizando las terrestres con las 
marítimas Nos urge el establecimiento de nuevos 
radios trasatlánticos. La falta de servicios tan 
párvulos y rudimentarios como el de encomiendas 
postales es en punidad un bochorno. Nuestra red 
bancada es insuficiente y de tramitación errada 
por sus exigencias casuísticas. Interésanos, en fin 
una aplicación general de nuevos tópicos, de solu- 
ciones técnicas modernas, de tónicos y revulsivos. 



— 16 — 

En suma, señores, la «Casa de América», que 
mirando atrás ha podido percatarse de la evolu- 
ción sufrida por el americanismo español, pasan- 
do del romanticismo á la especulación doctrinal, 
y aspira á ser la Covadonga de la nueva orienta- 
ción, pretende avanzar en su camino hasta llegar 
ala conversación con el pueblo español, político ó 
neutro, poco importa, é iniciar en este punto una ac- 
ción rotunda, cuyos hitos sean otras tantas empresas 
que beneficien mutuamente a americanos y á espa- 
ñoles, contando para ello con el concurso de las 
fuerzas productoras y el del Rey y su gobierno, y 
recabando el de los americanos y el de los espa- 
ñoles emigrados. (Muy bien.) 

Y aquí llega ya el instante de hablar del viaje 
á las naciones trasmarinas. 

Debido al rápido desenvolvimiento de la co- 
lectividad, á su acción intensa, día á día la nece- 
sidad de terminar su periodo de organización y 
construcción, estableciendo servicios y dependen- 
cias en América, anudando las relaciones inicia- 
das con entidades, autoridades y particulares de 
aquella vasta región, hacíase sentir. Por otra parte, 
la Junta de Gobierno no podía desatender su com- 
promiso de terminar la labor inicial, sin dar á 
conocer sus aspiraciones y propósitos en América 
de una manera directa y eficaz. 

De ahí el acuerdo de organizar un viaje de 
trabajo y propaganda, á todas las naciones trasa- 
tlánticas, sin excepción ninguna, entiéndase bien, 
aunque en diversa expedición, recaído en abril 
próximo pasado. 

Requeridas las secciones de la «Casa», para que, 
aparte de los fines generales de interés para la 



17 



corporación, indicasen sus respectivos y peculia- 
res puntos de vista en orden á las iniciativas que 
una Misión de tal carácter pudiese acometer, los 
expusieron sucesivamente, pudiendo desde enton- 
ces formalizarse el programa de trabajos para los 
que, en definitiva, resultasen honrados con la repre- 
sentación social. 

No hubo bastante, sin embargo: La Junta de 
Gobierno agradecida á las repetidas muestras de 
consideración recibidas de los Poderes Públicos, 
estimó necesario comunicarle su proyecto, brin- 
dándose al desempeño de cualquier misión que le 
fuese confiada, é interesado el Rey, el jefe del 
Gobierno y los ministros de Estado y de Fomento, 
se recibió el 27 de mayo una Real orden de este 
ultimo departamento, comunicando se concedería 
el carácter y la representación oficial a los señores 
Delegados y, además, la representación del Centro 
de Comercio Exterior, con el encargo de realizar 
ciertos trabajos de exploración comercial; Real 
Orden que fué ratificada dos días después por otra 
del Ministerio de Estado, confirmando el carácter 
oficial dado á los señores que formasen la Comi- 
sión, según se ha prevenido á los agentes diplomá- 
ticos y consulares de S. M. 

Resuelto el viaje en esta forma, subvencionado 
además por el Estado, se circularon notas á las 
entidades económicas y á los centros americanis- 
tas españoles, participándoles la iniciativa y brin- 
dándose á la suya, cabiéndonos la satisfacción de 
que todos hayan contestado con halago, adhirién- 
dose unos, confiriendo otros su representación á 
los señores delegados déla «Casa*. 

Conseguido esto, vino el nombramiento. La 



1 



Junta no podía abdicar en este punto de su em- 
peño de perseverar en sus iniciativas hasta ase- 
gurarlas de un modo definitivo. Por tal propósito 
se pensó en mí desde un principio; por ser de los 
más fogueados en la brecha, desde nuestra fun- 
dación. 

Todos recordaréis la campaña que realizó últi- 
mamente, con el concurso decidido de esta «Casa», 
el Dr. Antonio Pont en pro del algodón argen- 
tino. De la misma, y de nuestros esfuerzos, ha- 
bía resultado la concentración de voluntades para 
llevar á cabo la realización de la idea del doctor 
en un sindicato de iniciativa. Pero la Casa, firme 
en su deseo de adornar su historia con empresas 
de tal índole y de tanta trascendencia, beneficiosas 
moral y materialmente para España, beneficiosas 
materialmente para los países de la América latina, 
se creyó en el deber de continuar respaldando la 
campaña hasta su fin. Se acordó así, y de la mis- 
ma manera como el «Sindicato para la formación 
de la Hispano-Argentina algodonera», túvola gen- 
tileza de nombrarme después su representante pa- 
ra ao mpañar en su gestión al Dr. Pont, se nom- 
bró á este compañero mío en todo lo demás. 

En este estado comenzó la organización defini- 
tiva. El Ministerio de E^ado dictó dos nuevas 
Reales órdenes, una dirigida á los Agentes diplo- 
máticos y consulares de S. M. y otra al Presidente 
de ia «Casa», confiriéndonos á los comisionados 
el encargo de realizar los trabajos preliminares 
para una Conferencia oficial Iberoamericana de 
entidades mercantiles, similares á la nuestra en su 
sección comercial, con el objeto fundamental, en- 
tre otros, de leunir las recopilaciones de usos co- 



— 19 — 

merciales de las principales plazas de España y de 
la América latina, á tenor de lo indicado por el 
Sr. Conde de Lavern en la Asamblea de Mataró 
del I o de noviembre, y de acuerdo con la Cámara 
de Comercio de esta ciudad, cuyo representante 
en el Congreso de Praga, D. Bartolomé Amengua!, 
se ocupó del asunto con !a autoridad y discreción 
que le son peculiares. 

Finalmente el Ministerio de Fomento dictó ha- 
ce pocos dias una nueva Rea! orden, nombrándonos 
agentes oficiales, de conformidad con lo dispuesto 
en la anterior disposición de 27 de Mayo próximo 
transcurso. 

Por su parte la «Casa de América» ha hecho 
cuanto le ha sido factible para asegurar el éxito 
del viaje, comunicándolo á los señores ministros 
plenipotenciarios y cónsules de las Repúblicas in- 
cluidas en esta primera expeuición, cuya bondad y 
cooperación nos obligan á todos de un modo es- 
pecialísimo, y poniéndose en relación con todas 
las entidades económicas y centros españoles de 
aquellos países por medio de una meditada alocu- 
ción que refrendaron con sus nombres y prestigio 
los Sres. Jacinto Viñas Muxí, nuestro caro Presi- 
dente, Federico Rahola, Conde de Lavern, Mar- 
qués de Marianao, Manuel Malagrida, Marqués de 
VilLnueva y Geltrú y Luis Riera Soler, todos doc- 
tos y estimados consejeros. 

Como delegados de esta «Casa», llevando por 
delante como limpia ejecutoria nuestra actuación 
pasada, colectiva y persona!, rumbearemos el ti- 
món hacia el desarrollo de aquella parte de nuestro 
programa de concordancia y solidaridad que re- 
quiere desde ya un contacto directo y personifica- 



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do, planteando en firme lo esencial y cardinal de 
nuestras aspiraciones y deseos, vigorizando víncu- 
los, avanzando más, roturando campos, abriendo 
surcos y procurando dejar adictas atalayas por 
doquier. 

Al amparo de la voluntad del Rey y con el 
galardón de la confianza de que últimamente se 
ha dignado darme prueba con el realce de una 
distinción de honor, espontánea, asi como con el 
apoyo de algunos amigos y consejeros ilustres, 
tal vez cuide de obtener autoridad experimentada 
para otros planes y vislumbres que hoy sería 
desacierto revelar. 

Y eso es todo, pues que repugno asi mismo 
y falta tiempo para entrar en el detalle de otras 
ideas y propósitos. 

Nuestra aspiración global es la de un patriotis- 
mo levantado que, ante las corrientes de interna- 
cionalismo vigorizante que hoy preocupan á los 
hombres, (ahí tenéis los libros de Fned y Eijkman, 
las enseñanza? de Reinsch y nuestro nunca bas- 
tante ponderado Labra, y las 150 asociaciones que 
lucen con sus estudios y trabajos en el ciclo de las 
vinculaciones internacionales), conscientes de la 
fuerza nueva que rebrota en el tronco de la estirpe, 
posesionados de la importancia inmensa que hoy 
tiene nuestro territorio, centro natural de la alba - 
nega de comunicaciones europeoafroamericanas, 
no se resigna por más tiempo á una vida lenta y 
cálida, inerte y sentimental, y pretende abordar 
de frente los vastos problemas de que depende 
el porvenir de España, hasta mostrar á todos 
la razón lógica, eficiente y más aun la recipro- 
cidad de conveniencias que justifican la existencia 



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en el solar originario de un centro en grande, re- 
gulador del intercambio comercial hasta la equidad 
de los arbitramentos, iniciador de empresas, agen- 
te de mejoras y facilidades, en torno á nuestra 
Cámara Mercante\y á la vez eje y motor de estudios 
y divulgaciones, archivo de informaciones para fa- 
vorecer los intereses de sus afiliados como lo pre- 
tende el Weltverein de Munich, para deshacer los 
falsos rumores maliciosos ó expontáneos, como lo 
intenta la PotenciaOrganization\ng\esa, y para faci- 
litar la acciónylostrabajos de todas las instituciones 
que figuren en el internacionalismo latinoamerica- 
no, coordinando esfuerzos, unificando métodos, 
estimulando y fecundando ideas, surjan de donde 
surjan, en los pueblos de espíritu romano, en tor 
no y desde nuestro Instituto de Estudios, concre- 
ción categórica, en el orden latino, de! Office Cen- 
tral de Bruselas. (Muy bien). 

Pero todo esto requiere explicaciones y coope- 
ración; todo esto requiere el concierto de una inte- 
ligencia á través de la distancia que nos separa, y 
para ello vamos á la Tierra Prometida, sabiendo á 
donde alcanza la hidalguía de los americanos. 
(Muy bien). 

La Comisión se propone visitar las Repúblicas 
del Uruguay, Argentina, Paraguay, Chile, Perú, Bo- 
livia y Brasil, sin que ello implique compromiso 
terminante, habiendo sido honrados con un voto 
de confianza y libertad, tanto por parte del Go- 
bierno como de «la Casa». Mas adelante, habré 
de proseguir, por mi parte, la excursión, hasta 
hacerla continental, finiquitando el compromiso. 

Los Centros de Unión Iberoamericana de Bilbao 
y Valencia, el Centro de Cultura Hispanoamérica- 



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na de Madrid, la Real Academia Hispanoame- 
ricana de Cádiz, la Real Sociedad Geográfica 
de Madrid, de la Sociedad de Geografía Comercial 
de esta ciudad de la Asociación de Comerciantes 
Importadores y Exportadores de la misma y de 
las Asociaciones de la Prensa de Madrid y de Bar- 
celona me han honrado con su representación. 
Algunas colectividades como el centro de Valencia 
y la Asociación de la Prensa de Barcelona, la han 
hecho extensiva al Dr. Pont. 

Hemos merecido, además, proposiciones de co- 
merciantes, de ésta y de otras plazas; proposicio- 
nes que, agradeciéndolas justamente, hemos debi- 
do renunciar. 

Nuestro objeto según ya puede deducirse es va- 
rio: 

Respec f o al Ministerio de Fomento, tenemos con- 
traído el comp r omiso de un trabajo de exploración 
comercial y de la preparación de la Conferencia 
antes referida. 

Claro está que en el estudio I o . procuraremos 
consagrar nuestro esfuerzo, no sólo á cuantas ob- 
servaciones técnicas puedan ser de utilidad á nues- 
tro comercio exportador, sino también y de un mo- 
do principal ai estudio de la producción americana, 
singularmente la exótica, pues no es posible dar es- 
tabilidad a nuestro comercio sin retornos de per- 
muta. (Muy bien.) 

Nos proponemos decir á los amigos de aquellas 
tierras lo que España es, económicamente, y lo que 
pretende; sin jactancias, con dignidad, sencilla- 
mente. 

Hemos realizado un estudio ímprobo antes de 



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lanzarnos al palenque. Ahora la suerte está 
echada. 

Fiamos el éxito final del prestigia innegable de 
nuestros precursores; del sabio consejo de los 
maestros; de nuestras afirmaciones, respaldadas 
todas por pruebas convincentes, capaces de resis- 
tir la controversia; de nuestra perseverancia en la 
acción y, como consecuencia, del contagio mental 
que vigoriza siempre y extiende y dií'unde las 
opiniones, en empresas é iniciativas de orden pa- 
triótico. (Muy bien.) 

Llegue ah >ra a vosotros, en esta noche de re- 
cuerdo perdurable, con la expresión de mi con- 
fianza en el resultado de la empresa, la despedida 
emocionada del viajero y la ratificación de mi 
afecto á esta Casa, adhesión ai Rey y devoto 
amor á España. 

He terminado. 

(Grandes aplausos). 



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